Cata de Barolos: los Vinos
Aldo Conterno Cicala, Barolo, 2001
El vino es de capa media, con un ribete entre cobrizo y anaranjado.
En nariz hay algún aroma a barniz que desaparece rápidamente con la aireación. Aromas frutales (cerezas, frutas del bosque), de especias, regaliz, trufa ("el aroma a tierra mojada en los vinos caros", sugirió con humor Juancho) y cerezas al marrasquino.
En boca tiene una tremenda acidez (que según comentaba Juancho hace que el vino "parezca más delgado"), taninos apretados y una fruta roja deliciosa. Larguísimo.
Empezamos bien. Pasamos a continuación al...
Elio Grasso Runcot, Barolo, 2001
El vino es de capa ligeramente más alta que en el caso del Cicala, debido a la fijación de color que facilita la barrica (mayor que en el caso del tonel).
En la fase olfativa hay fruta roja, suaves balsámicos, tabaco, frutillos del bosque, regaliz ("liquorice") y esa tierra mojada caracterísitca de los vinos de Monforte. No tiene los matices especiados del Cicala, que sustituye por la gama del chocolate y el cacao.
En boca tiene un tanino más secante de la madera, pero que en mi opinión no es del todo excesivo y posiblemente integrará. Acidez característica de los Barolos y un final larguísimo.
Ceretto Bricco Rocche Prapó, Barolo, 1999 (Magnum)
El vino mantiene esa capa media con un precioso ribete cobrizo no más evolucionado que los anteriores. En nariz encontramos fruta roja y guindas en licor, hojas húmedas, polvo, rosa marchita (caracterísitco de Serralunga) y un fondo férrico. Más austero que sus antecesores. En boca mantiene su caracter austero, es muy tánico y tiene una vibrante acidez, con ese fondo que recuerda al hierro. Presencia de alguna levísima punta alcohólica y madera presente. Final largo, el más intenso de toda la cata.
Brovia Ca'Mia, Barolo, 2001
Color inconfundible, en la línea de los anteriores vinos. En nariz es más floral (rosa marchita) y mineral que frutal, con tonos especiados (anís, pimienta y clavo). En boca tiene un tanino bestial, siendo más austero si cabe que el Bricco Rocche. Enorme acidez. Menor presencia de la madera. Final largo en el que queda un maravilloso recuerdo de pétalos de rosa.
Ferdinando Principiano Boscareto, Barolo, 2004 (muestra de barrica)
Este vino del que sólo hay 5.000 botellas es de capa media, con un ribete que todavía no está evolucionado. En nariz está bastante cerrado pero atisban aromas frescos de menta, rosa y regaliz de palo. En boca tenemos un tanino gigantesco, noble pero que "aprisiona" la boca. Un vino que apunta buenas maneras.
Cinco buenos vinos, con diferencias fundamentalmente en el uso de la madera, en los que sólo se atisba lo que pueden llegar a dar de sí con los años. Ojalá que nosotros nos los podamos volver a encontrar.
Finalizó la sesión con la opinión de Juancho Asenjo y los productores sobre las mejores añadas en esa serie extraordinaria que va initerrumpidamente de 1996 a 2001 (y en la que incluso podríamos incluir 1995). Una cuestión interesante teniendo en cuenta que en la serie hay añadas que en su momento fueron encumbradas por la crítica como la 97 (y lamentablemente los precios ascendieron en consecuencia), y otras que pasaron inicialmente incluso con discreción, como la 99.
Pues bien, todos los ponentes coincidieron en poner en los tres primeros lugares las añadas 2001, 1999 y 1996, dando el primer lugar a 2001 tanto Juancho como G.L. Grasso, a 1999 Roberta Ceretto, y a 1996 tanto Alex Sánchez como Ferdinando Principiano.
Las añadas para ir tomando a más corto plazo: 1995, 1997 y 1998.
Hay otra reseña recomendable de esta interesante cata en EsTintoBásico.
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