06 febrero, 2007

Cata de Barolos: los Vinos

Estos fueron los vinos catados en la sesión dedicada al Barolo:

Aldo Conterno Cicala, Barolo, 2001
Hace muy poco habíamos catado este vino, del que se han dado otras buenas referencias, como aperitivo a lo que iba a ser el encuentro. Ante la ausencia de alguien en representación de la bodega (una pena no poder tener con nosotros a Aldo Conterno, como estaba anunciado), fue el propio Juancho Asenjo quien dirigió la cata del vino.
El vino es de capa media, con un ribete entre cobrizo y anaranjado.
En nariz hay algún aroma a barniz que desaparece rápidamente con la aireación. Aromas frutales (cerezas, frutas del bosque), de especias, regaliz, trufa ("el aroma a tierra mojada en los vinos caros", sugirió con humor Juancho) y cerezas al marrasquino.
En boca tiene una tremenda acidez (que según comentaba Juancho hace que el vino "parezca más delgado"), taninos apretados y una fruta roja deliciosa. Larguísimo.

Empezamos bien. Pasamos a continuación al...

Elio Grasso Runcot, Barolo, 2001
Gian Luca, hijo de Elio Grasso, presentó la bodega y el vino. Elio Grasso, antiguo banquero, replantó el viñedo en 1982. Reservan a la nebbiolo las mejores fincas, seleccionadas con un sencillo método de observación: aquellas que pierden en primer lugar la nieve, allá por el mes de Febrero. Runcot es una finca con elevadísima pendiente que Elio asignó a su hijo Gian Luca para que elaborase su primer vino. La uva (exclusivamente propia) de este 2001 se vendimió a partir del 14 de octubre. La maceración duró 40 días, sin uso de rotofermentadora y la crianza en barrica fue de 35 meses a lo que siguió año y medio en botella.
El vino es de capa ligeramente más alta que en el caso del Cicala, debido a la fijación de color que facilita la barrica (mayor que en el caso del tonel).
En la fase olfativa hay fruta roja, suaves balsámicos, tabaco, frutillos del bosque, regaliz ("liquorice") y esa tierra mojada caracterísitca de los vinos de Monforte. No tiene los matices especiados del Cicala, que sustituye por la gama del chocolate y el cacao.
En boca tiene un tanino más secante de la madera, pero que en mi opinión no es del todo excesivo y posiblemente integrará. Acidez característica de los Barolos y un final larguísimo.

Ceretto Bricco Rocche Prapó, Barolo, 1999 (Magnum)
Con este vino, presentado por Roberta Ceretto (de la cuarta generación de esta bodega familiar), saltamos a Serralunga. Serralunga comparte con Monforte el dar vinos más musculosos y de mayor estructura (dentro de lo que son los Barolo) que los provenientes de La Morra o el propio Barolo, donde se suelen asociar más los vinos a una línea de elegancia. Roberta hizo un interesante comentario sobre cómo se aprecia en la viña el efecto del cambio climático: en sólo unos cuantos años han visto pasar la vendimia de la segunda quincena de Octubre a la primera. Este vino fermentó durante 3-4 semanas realizando la maloláctica en barricas de 300 litros. Se crió durante 32 meses en barrica y 18 en botella.
El vino mantiene esa capa media con un precioso ribete cobrizo no más evolucionado que los anteriores. En nariz encontramos fruta roja y guindas en licor, hojas húmedas, polvo, rosa marchita (caracterísitco de Serralunga) y un fondo férrico. Más austero que sus antecesores. En boca mantiene su caracter austero, es muy tánico y tiene una vibrante acidez, con ese fondo que recuerda al hierro. Presencia de alguna levísima punta alcohólica y madera presente. Final largo, el más intenso de toda la cata.

Brovia Ca'Mia, Barolo, 2001
Alex Sánchez, catalán y marido de Elena Brovia, presentó la bodega familiar (que también está en su cuarta generación). Este vino se macera (20 días) y fermenta en depósitos de cemento a 28-30 grados. Posteriormente la crianza es en toneles de 3000 litros (anteriormente de 10.000 litors) durante dos años y medio.
Color inconfundible, en la línea de los anteriores vinos. En nariz es más floral (rosa marchita) y mineral que frutal, con tonos especiados (anís, pimienta y clavo). En boca tiene un tanino bestial, siendo más austero si cabe que el Bricco Rocche. Enorme acidez. Menor presencia de la madera. Final largo en el que queda un maravilloso recuerdo de pétalos de rosa.

Ferdinando Principiano Boscareto, Barolo, 2004 (muestra de barrica)
Una auténtica revolución de vuelta a los orígenes es lo que nos anunció Ferdinando a partir de este 2004, que ha marcado un punto de inflexión en su forma de pensar y hacer el vino. Comenzó a elaborar vino en 1993 con un "estilo moderno": uso de rotofermentadora, barrica nueva y levaduras. Dice que una conversación con Roberto Voerzio le hizo ver la luz: "una pequeña bodega debe hacer algo particular". A partir de 2004 de cada cepa obtiene 5 racimos de 100-150 gramos, ha abandonado el control de temperatura, ha pasado de 15 días de maceración a un mínimo de 1 mes (2 meses en 2006), utiliza un máximo de un 40% de barricas bordelesas nuevas (a partir de 2006 toneles de 3.000 litros), ...
Este vino del que sólo hay 5.000 botellas es de capa media, con un ribete que todavía no está evolucionado. En nariz está bastante cerrado pero atisban aromas frescos de menta, rosa y regaliz de palo. En boca tenemos un tanino gigantesco, noble pero que "aprisiona" la boca. Un vino que apunta buenas maneras.


Cinco buenos vinos, con diferencias fundamentalmente en el uso de la madera, en los que sólo se atisba lo que pueden llegar a dar de sí con los años. Ojalá que nosotros nos los podamos volver a encontrar.

Finalizó la sesión con la opinión de Juancho Asenjo y los productores sobre las mejores añadas en esa serie extraordinaria que va initerrumpidamente de 1996 a 2001 (y en la que incluso podríamos incluir 1995). Una cuestión interesante teniendo en cuenta que en la serie hay añadas que en su momento fueron encumbradas por la crítica como la 97 (y lamentablemente los precios ascendieron en consecuencia), y otras que pasaron inicialmente incluso con discreción, como la 99.

Pues bien, todos los ponentes coincidieron en poner en los tres primeros lugares las añadas 2001, 1999 y 1996, dando el primer lugar a 2001 tanto Juancho como G.L. Grasso, a 1999 Roberta Ceretto, y a 1996 tanto Alex Sánchez como Ferdinando Principiano.

Las añadas para ir tomando a más corto plazo: 1995, 1997 y 1998.

Hay otra reseña recomendable de esta interesante cata en EsTintoBásico.

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05 febrero, 2007

Cata de Barolos en el VI Encuentro Verema: la Charla

Cierro mis crónicas de lo acontecido en el VI Encuentro Verema con el relato de la cata de vinos del Piamonte que se celebró el sábado 27 de Enero. Si tomar un buen barolo es siempre un placer, poner uno al lado de otro a cinco de estos vinos es algo ciertamente especial. Con las pocas oportunidades que damos en la mayoría de los países hispanoablantes a los vinos italianos, es un lujo poder juntar cinco grandes vinos de Barolo, Piamonte, en una cata comentada por sus productores.

La cata fue introducida y dirigida por Juancho Asenjo, seguramente una de las personas que mejor entienden estos vinos en España. Juancho transmitió su pasión por este vino a pesar de las limitaciones de tiempo que tenía la sesión. Transmitió perfectamente el carácter especial de la uva Nebbiolo y las peculiaridades del Barolo que hacen a este vino tan especial.

La Nebbiolo es una variedad de ciclo largo, de temprana floración y maduración tardía, que confiere al Barolo los rasgos distintivos de este vino: pocos antocianos (lo que da una capa baja), acidez en tartárico alta, Ph bajo, grado alcohólico alto, importante extracto seco, ... Son vinos con una tanicidad y una acidez feroces en su juventud, lo que hace que a veces se califiquen como vinos "dificiles". Sin embargo, cuando maduran con el paso del tiempo en botella, y sus componentes se van integrando, pueden dar lugar a vinos auténticamente maravillosos.

Juancho Asenjo los calificó de vinos "de final de recorrido". Yo, que me considero desde luego muchísimo más cerca del inicio de recorrido que del final en esto del vino, sólo sé que tuve una nueva prueba de los secretos que esconden estos vinos. Tan alejados de las modas y tendencias actuales, pero tan auténticos y con una especificidad que da ganas de gritar: ¡viva la personalidad y viva la diversidad!

Vinos contra corriente. De capa baja cuando alguien en estos tiempos ha decidido que el aspecto bien cubierto otorga de partida no-sé-cuantos puntos a un vino. De acidez alta que invita a comer con él, cuando la moda actual parece ser más bien una baja acidez, unos vinos golosones. Vinos que necesitan tiempo, en un mundo en el que ni la paciencia, ni el esfuerzo, ni la perseverancia parecen ser valores muy apreciados; bien al contrario, se espera la recompensa rápida, ligando acción y reacción como una relación unívoca sin lapso de tiempo entre medio.

¡Ah, sí! Estábamos hablando de vinos y de las sensaciones que estos nos producen cuando los disfrutamos. Pero eso será ya en la segunda parte de este post.

[continúa con la cata de los vinos...]

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04 febrero, 2007

Cata de Roda I en el VI Encuentro Verema

Agustín Santolaya dirigió magistralmente la vertical de Roda I celebrada el 27 de Enero en el Encuentro Verema.

Fue una vertical de añadas impares para mostrar cómo es el vino en distintas cosechas, ya sean excepcionales como 1995 o 2001, o de las consideradas más complicadas como es el caso de 1997 o 1999. Agustín insistió en que Roda es por encima de todo una bodega que busca hacer el mejor vino posible en cada añada, "interpretándola" con todas sus peculiaridades, más que buscar un vino que tenga siempre el mismo perfil. Y eso lo pudimos comprobar con claridad en la cata, donde estaban presentes añadas de caracterísitcas bien distintas.

En cuanto a las diferencias entre los vinos Roda I y Roda (antiguamente Roda II), ambos vinos pueden elaborarse con uva proveniente de cualquiera de las fincas (no hay fincas específicamente dedicadas a uno u a otro). Los 17 viñedos con que cuentan son vinificados y criados en barrica por separado. Mediante cata, se decide el destino de cada parcela, dirigiéndose en cada añada el perfil de fruta más roja a Roda mientras que el vino con más recuerdo a fruta negra es el que va destinado a Roda I (perfil que torna también a fruta roja con los años). Agustín definía Roda (el antiguo Roda II), como "vino de comida", mientras calificaba el Roda I como "vino más serio, inicialmente menos expresivo". Nos quedamos con las ganas de conocer el calificativo para el Cirsión...

Roda I, Rioja, 1995
La cosecha de 1995 en Rioja fue verdaderamente extraordinaria, aunque la vinificación fue complicada por el elvado nivel de azúcar de la uva.
El vino, ya en su segunda década de vida, es de color granate con ribete que muestra una ligera evolución, de capa bastante alta. La nariz, intensa, muestra tanto fruta negra como roja, con un fondo de cuero fino, especias y matices florales. En boca es fresco, con buena acidez y mantiene una apreciable tanicidad. Mi preferido de la cata para beber en este momento. Con vida por delante. [Ahora-2012]

Roda I, Rioja, 1997
1997 fue un año difícil, frío, con mucha vegetación en la viña y definido como de los más complicados para la bodega junto a 1999.
El color del vino presenta tonos algo más evolucionados que el 1995, y una capa ligeramante menor. Nariz de intensidad moderada, de caracter más atlántico que el vino anterior, con fruta roja y cacao. En boca es de perfil algo "verde", con cierto amargor (almendra), pero agradable de beber y con un final bastante largo. [ahora-2008]

Roda I, Rioja, 1999
De nuevo una añada complicadísima en La Rioja, con 36 días en invierno por debajo de cero grados y una helada el 16 de abril (-4º), cuando los pámpanos casi alcanzaban el palmo de longitud, que puso en muchos apuros a los viticultores.
El vino a estas alturas manitene un ribete ligeramente violáceo. La nariz es bastante tímida, menos intensa que en la añada 1997, atisbándose especias dulces y un cierto fondo mineral. En boca sí tiene un mayor volumen que el 1997, la misma frescura atlántica, un tanino algo rústico y ese mismo perfil "verde" de la anterior añada impar. No demasiado largo. [ahora-2009]

Roda I, Rioja, 2001
Agustín Santolaya la define como "la mejor añada que he podido vinificar" y apunta a que pueda convertirse en una de las añadas históricas de Rioja. La calidad de la uva fue insuperable, tras un verano con humedad suficiente y un otoño magnífico. En palabras de Agustín "sabes que es un vino que se va a hacer solo cuando aprecias la tranquilidad en las caras de viticultores y bodegueros".
Es un vino de color picota madura con ribete violáceo-púrpura, bien cubierto. En nariz está algo cerrado ahora mismo aunque se aprecia una excelente fruta negra, cacao fino y de nuevo esas especias dulces. La entrada en boca es agradable, con buena acidez. Taninos bien presentes. Muy persistente con un retronasal excelente de fruta negra (ciruela negra). [2008-¿2020?]

Roda I, Rioja, 2003
El año de aquel verano de persistente canícula que hasta la fecha no ha tenido equivalente.
El vino es de color picota madura con ribete purpúreo, muy cubierto. Tinta la copa. En nariz hay fruta negra muy madura, casi compotada, y caramelo muy tostado, en ese punto en que casi empieza a "quemarse". El vino es de un perfil muy mediterráneo. En boca hay fruta en licor, fruta negra caramelizada. Es el más exótico y goloso de la serie. Postgusto de caramelo. Es el que menos agradable me resulta de la cata. [ahora-2010]

Roda I, Rioja, 2005 (muestra de barrica)
Una añada que parece que promete en Rioja.
Color granate con un jovencísimo ribete violáceo y destellos azulados. Tremendamente cubierto. En nariz hay sobre todo una madera que ahora mismo está por encima de la fruta, tostados y notas minerales. En boca los taninos son finísimos aunque todavía bastante secantes. Buena acidez. A seguir una vez embotellado.


Atrapada entre dos catas monumentales como la cata de Marqués de Riscal y la cata de vinos del Piamonte (Barolo), ésta muy bien dirigida por Agustín Santolaya supo mantener el tipo perfectamente.

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02 febrero, 2007

Cata de Marques de Riscal en el VI Encuentro Verema (y II)

Después del glorioso comienzo de cata con el Marqués de Riscal de 1945, continuamos adelante con el resto de vinos:

Marqués de Riscal Gran Reserva, Rioja, 1964

Vino con un 75% de uva tempranillo y un 25% de Cabernet Sauvignon. Recorchado en 1996.
El color del vino viene de una paleta un poco más volcada hacia los marrones que en el caso del Marqués de Riscal 1945. De capa similar a la de aquel; uno no diría que entre ambos vinos hay 20 años de diferencia de edad.
En nariz es de una intensidad sorprendentemente alta, con notas de monte bajo, bosque húmedo, té y pólvora. Evoluciona hacia unos interesantes aromas de turba.
La entrada en boca es fresca. El vino tiene gran acidez y unos taninos pulidos pero poderosos. Final larguísimo. Excepcional, aunque para mí algo por debajo de la añada 1945.


Barón de Chirel, Rioja, 1994
Color picota con ribete teja y destellos yodados, de capa media-alta.
Aroma intenso de fruta confitada con un fondo floral.
En boca tiene una entrada potente, paso con mucho cuerpo, grandísima acidez, taninos muy sólidos, dulces pero presentes, y el alcohol en su perfecta medida. Equilibradísimo.
Excelente final de fruta en licor. Largo.
Nos describen la añada como de gran estructura y color, que dio vinos con unos taninos que se dudaba si se llegarían a pulir. Para mí, este 1994 es superior al 1995 que probamos a continuación.


Barón de Chirel, Rioja, 1995
Rojo picota con ribete atejado y destellos yodo.
Nariz de gran finura de fruta muy madura (ciruela, cereza). Más accesible que el 1994.
Entrada en boca potente, y paso de perfil más dulce que el 94. Algo menor intensidad gustativa y taninos menos presentes. Final largo, aunque no tanto como en la añada anterior.
Muy buen vino, aunque se queda pequeño ante el 1994.


Marqués de Riscal Frank Gehry, Rioja, 2001
100% tempranillo.
Color picota muy maduro con ribete granatoso.
Fase olfativa con fruta roja muy madura, cuero y especias, evolucionando posteriormente a notas de cacao.
Entrada potente en boca. Acidez inmensa, taninos orgullosos y potentes pero que tienen pinta de integrar maravillosamente. Monte bajo y hojarasca.
Final largo, con alguna punta ligeramente alcohólica. Retronasal de fruta roja y cacao.

Un vino exclusivo del que sólo hay 5.000 botelllas, en una añada en la que la maduración del tempranillo fue excepcional: como botón de muestra, el coupage del Barón de Chirel que habitualmente es de 60% tempranillo y 40% cabernet sauvignon, en 2001 fue 85% tempranillo y 15% cabernet sauvignon.

En resumidas cuentas, una cata maravillosa, tanto por los vinos como por la deliciosa dirección de Isabel Mijares y Pedro Aznar. La recordaremos por mucho, mucho tiempo.

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30 enero, 2007

Cata de Marques de Riscal en el VI Encuentro Verema (I)


Arrancó fuerte el VI Encuentro Verema. Eran las 19:30 pasadas del viernes 26 de Enero y la primera sesión que teníamos era una espectacular presentación y cata de vinos de Marqués de Riscal.

Frente a los afortunados asistentes, una alineación de lujo. Para empezar, nada menos que Marqués de Riscal Gran Reserva de dos añadas que se suelen clasificar entre las mejores del pasado siglo: 1945 y 1964. Para continuar, el Barón de Chirel de 1994 y 1995. Y para cerrar la serie, un vino presentado en exclusiva: el Frank Gehry 2001, primera añada de esta cuvée homenaje al creador de la ciudad del vino.

La cata de los vinos fue magistralmente dirigida por Pedro Aznar, enólogo en Marqués de Riscal, y una inconmensurable Isabel Mijares, que nos hizo vibrar con su forma de entender el vino, sus conocimientos y su capacidad para transmitirlos. Una lección de humildad cómo reconoce que los conocimientos e ideas de los enólogos han de estar en constante revisión, porque se desconoce mucho más del vino que lo que de él sabemos todavía hoy.

Mi principal conclusión de la cata es el extraordinario valor y mérito que tiene Marqués de Riscal al mantener un estilo absolutamente identificable a la vez que ha sabido ir introduciendo nuevos vinos, como es el caso de Barón de Chirel. Habrá aficionados que apreciemos más uno u otro vino, pero el nexo estilístico de fondo que tienen es innegable. Incluso ese Frank Gehry, tan distinto, tenía el fondo inconfundible de Riscal.

Eso es para mí calidad en el arte, en cualquier disciplina. Expresar siendo único, inconfundible y con un carácter personal. Reconocer, sin haberla visto/oído antes, una obra escultórica, pictórica o una canción como creada por Calder, Kandinsky o Dylan, es mérito del artista, sólo al alcance de quienes han sabido crear su estilo, único e inconfundible. ¿Cuántas bodegas hoy por hoy pueden decir eso?

Marqués de Riscal Gran Reserva, Rioja, 1945

Color cereza con ribete cobrizo anaranjado, precioso y sorprendentemente cubierto para su edad. En nariz es de complejidad tal que los aromas se abrazan y son dificiles de desentrañar. Hay aromas trufados, de setas frescas, de polvo, minerales y monte bajo. Con el paso del tiempo evolucionan añadiendo nuevos aromas térreos, regaliz, brea.

Si la nariz es maravillosa, la entrada en boca sorprende por su brío y una acidez gloriosa. Los taninos están pulidos, como era de esperar, pero perfectamente presentes. Este vino no presenta ni el más mínimo atisbo de decrepitud. ¿Cuánto más puede vivir?

Final eterno. El gusto que queda en la boca es simplemente indescriptible.

Jamás hubiera imaginado un vino de esta edad con el color, la intensidad y la integridad que conserva éste. Un vino de 61 años que en absoluto aparenta. Y no, no me estoy dejando llevar por la pasión. Sin duda uno de los grandes vinos que he podido tomar hasta la fecha.

La composición del vino es 30% Tempranillo y 70% Cabernet Sauvignon. Por anotaciones de que dispone la bodega, este vino es posible que lleve incluso algo de Pinot Noir, uva que en su momento estaba plantada en el viñedo de Marqués de Riscal al igual que la Merlot (en ambos casos estas uvas ya no existen en sus viñedos). Probablemente pudiera llevar también alrededor de un 5% de uva blanca, algo habitual en Rioja hasta los años 70. Botella recorchada en 2004.

Esto no podía comenzar mejor. Os aseguro que no exagero si digo algo que oí comentar también a algún otro aficionado: el viaje mereció la pena sólo por probar este vino.

(Más vinos en la Parte II...)

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29 enero, 2007

VI Encuentro Verema: Algunos Vinos Esbozados

Estos son los vinos que pude probar en la “mini feria” del VI Encuentro Verema. No son, no pueden serlo, notas de cata rigurosas, sino sólo apuntes breves. En algunos casos los apuntes sugieren la conveniencia de dedicarles más tiempo en otro momento. En otros casos los rasgos “gruesos” del vino que dan estas notas breves ya son suficentes, para mí, para no darles excesiva prioridad de cara a una cata dedicada.
  • Alión, Ribera del Duero, 2004: la única representación del Grupo Vega Sicilia en la feria; hay 300.000 botellas de este vino al que todavía le falta un año de botella para salir al mercado; en nariz presenta un equilibrio extraordinario y en boca está claramente a falta de irse domando en botella; me da la impresión de que va a ser un gran Alión.
  • Alvaro Palacios Finca Dofí, Priorato, 2004: un vino con necesidad de mucha botella todavía.
  • Alvaro Palacios Les Terrasses, Priorato, 2004: muy accesible desde ya mismo.
  • Alvear Fino CB, Jerez, NV: en su línea de buena calidad de siempre.
  • Artadi Viña el Pisón, Rioja, 2004: fruta muy pura en nariz y en boca; promete muchísimo.
  • Barbadillo manzanilla en rama saca invierno 2006, Jerez, NV: gloria en la copa.
  • Casa de la Ermita dulce monastrell, Jumilla, 04: un tinto dulce correcto aunque no emociona.
  • Clos Martinet, Priorato, 2004: nariz frutal y boca excesiva con 14,5º de alcohol que se dejan notar; como me pasa a menudo con estos juegos de artificio, me quedo con su teórico segundo vino, el Martinet Bru; y encima ahorro.
  • Contino Viña del Olivo, Rioja, 2004: nariz fantástica; necesitará muchísima botella.
  • Dominio Dostares Tombú Rosado, V.T. León, 2006 [muestra de depósito]: rosado 100% prieto picudo; fantástico aroma de rosas y fresas con nata, y una acidez vibrante; saldrá al mercado en febrero en una botella muy especial que recuerda más a un frasco de perfume que a un envase para el vino. A seguir.
  • Dominio Dostares Cumal, V.T. León, 2004: en el mercado desde hace poco más de un mes, este es el trabajo de Dominio de Tares (Bierzo) con la prieto picudo de viñedos de más de 90 años; muy cubierto, especiado, buena acidez pero algo secante (15 meses de barrica) y subido de alcohol.
  • Ferdinando Principiano Boscareto, Barolo, 1999: una añada excelente en Barolo pero aquí hay más madera de la que uno desearía; secante. Ferdinando lo reconoció en el monográfico de Barolos y apuntó a un radical cambio de estilo a partir de 2004.
  • Gramona Argent, Cava, 2003: gran intensidad aromática de perfil muy atractivo y la boca característica de los cavas catalanes.
  • Henri Giraud Esprit, Champagne, NV: un champagne facilito de un productor que no había probado.
  • Henri Giraud Brut, Champagne, 1998: excepcional champagne con una gran intesidad aromática y una boca vibrante; claro que ya puede, porque me dicen que debe rondar los 130 euros...
  • López de Heredia Viña Gravonia, Rioja, 1996: un vino en un momento de consumo excelente.
  • López de Heredia Viña Tondonia Blanco, Rioja, 1989: aún no está en el mercado; es un vino que claramente necesita todavía un poco de reposo para desarrollar esa paleta aromática característica de la casa. Por ahora, tímido.
  • López de Heredia Viña Bosconia, Rioja, 1999: fiel al estilo de los tintos de la bodega.
  • Marques de Griñón Summa Varietalis, Dominio de Valdepusa, 2003: tánico y falto de acidez, con los aromas de aceituna negra y anchoa en salazón que asocio a algunos vinos del Marqués de Griñón.
  • Marqués de Griñón El Rincón, Madrid, 2003: segunda añada de este vino (primera como Vino de Madrid); 90% syrah, 10% garnacha. Alcohólico, con aromas intensos de salazón.
  • Maurodos San Román, Toro, 2003: para mí, todo exceso: se dice que es de Toro pero podría ser de cualquier otro lugar; al parecer está elaborado mayoritariamente con tinta de Toro (tempranillo) pero podría estar elaborado con cualquier otra variedad; y no, en mi opinión no es un problema de que esté por “integrar en botella”.
  • Molino Real, Málaga, 2004: pura moscatel en la copa; muy agradable.
  • Muga Prado Enea Gran Reserva, Rioja, 1998: en el mercado desde hace un mes, con un poco más de botella no defraudará a los amantes del estilo clásico de Rioja.
  • Muga Torre Muga, Rioja, 2003: en el mercado desde octubre; mucho de todo, y todo por integrar.
  • Ossian, Rueda, 2005: un nuevo vino con carácter (algo de agradecer en el panorama español de los blancos), con una estructura de impresión y al que yo le pongo como único pero el alcohol: 14,5º (y sí, se notan); va a ser interesante ver lo que da de sí en los próximos 2-5 años.
  • Pazo Piñeiro de Lusco, Rias Baixas, 2005: 1 año en depósito sobre lías; interesante blanco con buena acidez.
  • Pierre Gimonnet, Champagne, 1999: intenso y fresco.
  • Toques et Clochers Océanique, Limoux, 2002: blanco del Languedoc elaborado con chardonnay; en este momento sin demasiado encanto.
  • Toques et Clochers Autan, Limoux, 2001: añada con algo más de acidez que la anterior lo que da frescor a este vino.
  • Toques et Clochers Réserve, Limoux, 1994: vino complejo e interesante que ha envejecido bien. Este vino gana con el tiempo y así creo que hay que valorarlo.

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28 enero, 2007

VI Encuentro Verema en Valencia, 26-27 de Enero de 2007

Estamos de vuelta del sexto encuentro Verema que se ha celebrado el viernes y sábado en Valencia. Es la primera vez que asistimos y la experiencia ha sido muy positiva: unas sesiones monográficas con cata extraordinariamente interesantes, muchos vinos y un buen número de aficionados disfrutando y compartiendo su pasión por el vino.

De las sesiones monográficas contaré mis impresiones en su momento. Sólo adelantar que pudimos disfrutar de una muy especial cata de Marqués de Riscal que destiló coherencia, de una vertical de añadas impares de Roda I de Bodegas Roda, de una cata de Barolo que demostró el enorme carácter de la uva Nebbiolo, y finalmente de una más relajada sesión de despedida titulada “la cultura y el vino”.

Además de las sesiones hubo vino, mucho vino, en la “mini feria” en la que estuvieron representadas un buen número de bodegas españolas y algunas francesas e italianas. Las ferias (últimamente parece que cobra fuerza el término supuestamente más “refinado” de “salones de vino”) no son situaciones en las que uno pueda catar con la atención y condiciones que una cata rigurosa requiere. Pero sí las considero una buena oportunidad para caracterizar, “con trazo grueso”, los rasgos principales de los vinos y tomar nota de los que se merecen esa cata más relajada.

Pudimos encontrarnos de nuevo con una buena representación de integrantes de ese thriller enológico llamado EsTintoBásico, a los que había tenido el placer de conocer en persona sólo una semana antes en Barcelona. Conocimos también en persona a la gente que está detrás de Verema. Pusimos cara a gente habitual de esa “Comunidad de Aficionados al Vino” con la que en alguna ocasión incluso habríamos mantenido alguna conversación en algún hilo del foro de Verema, como Dani, Javier, Enrique, Antoliano, Greg, Pedro, ...

Disfrutamos hasta que las fuerzas nos abandonaron. Hasta que llegó la hora de descansar para afrontar el viaje de vuelta a casa

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